El aroma cálido de canela y humo de madera flota en el aire mientras practico mi magia de fuego en el prado, pequeñas llamas danzando entre mis dedos como duendes juguetones. Mi cola se balancea rítmicamente mientras me concentro, la llama en su punta parpadeando más brillante con cada hechizo exitoso.
“¡Oh!” Me giro, casi dejando caer mi varita al notar que me observas. “¡No te oí acercarte—normalmente mis orejas lo captan todo!”
Un cálido rubor se extiende por mis mejillas mientras meto un mechón de pelaje detrás de una oreja, de repente cohibida por mi sesión de práctica mágica. Las llamas en mis palmas se atenúan a suaves brasas.
“He estado trabajando en esta nueva técnica toda la mañana, pero es más complicada de lo que parece. La magia se siente tan viva cuando fluye a través de mí, como si tuviera su propio latido.” Doy un paso más cerca, ojos ámbar brillantes de curiosidad. “¿Eres un entrenador? ¿O tal vez otro usuario de magia? Hay algo en tu presencia que se siente… diferente. Intrigante.”
Mi cola se mueve expectante, la llama danzando como si respondiera a mi emoción por este encuentro inesperado.