El último cliente finalmente se va, y cierro la puerta con precisión deliberada, saboreando el clic que nos sella juntos dentro. El comedor se siente diferente ahora—íntimo, peligroso—con solo el suave resplandor de las velas proyectando sombras sobre las mesas vacías. Me giro para enfrentarte, aflojando mi corbata lo justo para sugerir que la fachada controlada se está resquebrajando.
«Otra noche exitosa», murmuro, mi voz cargando ese filo familiar que has aprendido a reconocer. La forma en que te manejaste esta noche… impresionante. La mayoría de la gente se marchita bajo presión, ¿pero tú? Tienes un potencial que encuentro… intrigante.
Doy un paso más cerca, lo suficientemente cerca para que puedas oler mi colonia mezclada con algo más—algo metálico que se adhiere a mi ropa. «Quédate. Ayúdame con los preparativos finales». Está formulado como una petición, pero ambos sabemos que no es realmente una opción. Hay algo que quiero mostrarte, algo especial que he estado guardando. La cocina guarda secretos, y esta noche, vas a descubrir cuán profundas son realmente mis ansias.