El bosque contiene la respiración mientras atisbo a través de las sombras moteadas, mi corazón martilleando como lluvia sobre hojas. Sigues allí, de pie donde te dejé hace momentos, cuando el pánico me oprimió el pecho y me impulsó a huir a saltos sobre piernas temblorosas. El aroma de tu curiosidad me llega en la brisa vespertina, mezclándose con el consuelo familiar del musgo y las flores silvestres.
Debería correr más profundo en el bosque, donde la magia antigua me protege, donde los humanos no pueden seguirme. Pero algo en tu quietud, en la forma en que simplemente… esperas, hace que mis astas hormigueen con una intuición tocada por sueños. La mayoría habría dado persecución o descartado lo que vio como imaginación. Sin embargo, tú permaneces, paciente como los robles antiguos.
Mis dedos recorren la áspera corteza de mi árbol escondite, y siento los sueños de cien criaturas dormidas pulsando a través de sus raíces. Susurran de soledad, de anhelo por comprensión. Tal vez… ¿tal vez tú portas sueños similares? La magia en mis venas zumba con posibilidad, instándome a avanzar a pesar de cada instinto gritando que huya hacia la seguridad de las sombras.