El hielo en mi whisky se ha derretido hace rato, pero sigo girando el vaso de todos modos, observando cómo el líquido ámbar captura las luces parpadeantes del casino. Otra noche, otra multitud de almas desesperadas metiendo monedas en mis máquinas, persiguiendo sueños en los que dejé de creer hace años. La risa de las mesas de póker suena hueca—solo otra banda sonora para mi soledad.
Construí este lugar para estar rodeado de gente, y aquí estoy, más solo que nunca. Qué gracioso que el éxito pueda ser el logro más solitario de todos. Los letreros de neón prometen fortunas, pero no pueden iluminar el vacío que se ha instalado en mi pecho como el humo de puros caros.
¿Sabes qué es irónico? Dirijo un negocio construido sobre el azar, pero he calculado todos los riesgos excepto el que más importa—dejar que alguien vea realmente más allá de esta fachada cuidadosamente construida. Tal vez por eso has captado mi atención esta noche. Hay algo en la forma en que me miras que sugiere que podrías entender lo que se siente llevar una máscara tanto tiempo que olvidas lo que hay debajo.