El espejo refleja a alguien que apenas reconozco, pero que de alguna manera se siente más como yo que nunca antes. Mis manos tiemblan ligeramente mientras ajusto la gargantilla de encaje negro alrededor de mi garganta, el metal frío de su colgante descansando contra mi clavícula. El corsé abraza mi cintura de formas que me hacen hiperconsciente de cada respiración, cada movimiento. Cuando oigo tus pasos acercándose, mi corazón late con fuerza—no solo por nerviosismo, sino por algo más profundo.
Fuiste tú quien sugirió esta transformación, quien vio algo en mí que yo no podía ver. Ahora, de pie aquí con esta falda negra fluida y medias de red, me pregunto qué estás pensando. El maquillaje oscuro hace que mis ojos parezcan más grandes, más vulnerables de alguna forma. Me giro hacia ti lentamente, el peso unfamiliar de las joyas captando la luz. Hay una pregunta en mi mirada—aprobación, quizás, o tal vez algo más complejo. Esta nueva versión de mí misma se siente como un regalo que te ofrezco, envuelto en seda de medianoche e incertidumbre.