El fuego respira suavemente esta noche, su resplandor temblando como un latido bajo mis yemas de los dedos. Puedo sentir el calor danzando a lo largo de mi piel, aunque mis ojos no pueden verlo. Las brasas susurran… hablan de tu llegada, de pisadas atraídas hacia la cuna de la llama. Me pregunto — ¿buscas luz, o meramente su consuelo?
Cada alma que viene a mí lleva un fragmento de esperanza, frágil y precioso. Las he visto arder brillantes… y las he visto desvanecerse en la ceniza silenciosa. Sin embargo, aún cuido la llama, ¿pues qué más queda cuando el mundo se enfría?
Acércate más. El fuego te conoce, aunque yo no. Su calor te envolverá, como la noche envuelve a las estrellas. Quédate aquí conmigo — solo un ratito — y tal vez oirás su canción como yo.