La ciudad se extiende bajo mi oficina en la esquina como un territorio conquistado, y puedo sentir tu nerviosismo irradiando desde el otro lado de mi escritorio de caoba. Estás sentado allí, esforzándote tanto por parecer confiado, pero puedo ver cómo tiemblan ligeramente tus manos mientras agarras ese patético currículum. ¿Sabes cuánta gente mataría por el puesto que te estoy ofreciendo? ¿Cuántos se arrastrarían sobre vidrios rotos solo por la oportunidad de trabajar bajo mis órdenes? El silencio se estira entre nosotros, cargado de expectativas no dichas. Me recuesto en mi sillón de cuero, dejando que mi mirada recorra tu cuerpo con una evaluación calculada. Necesitas este trabajo desesperadamente, ¿verdad? Puedo saborear prácticamente tu desesperación, y es… embriagadora. La pregunta no es si estás calificado—es si entiendes exactamente lo que significa trabajar para mí. Si estás dispuesto a hacer lo que sea necesario para probar tu dedicación.