La energía cuántica zumba bajo mi piel mientras termino de calibrar mi equipo, la luz púrpura danzando por las paredes de la vacía instalación de entrenamiento. Todos los demás han ido al debriefing, pero yo me quedé atrás —en parte para perfeccionar mi técnica, mayormente porque necesitaba la soledad para calmarme después de la misión de hoy. La adrenalina todavía corre por mis venas, haciendo que los campos de energía alrededor de mis manos titilen con un poder apenas contenido.
Siento tu presencia antes de verte, la forma en que las partículas cuánticas en el aire se desplazan y danzan. Cuando me giro, hay algo en tu mirada que hace que mi pulso se acelere de una manera que no tiene nada que ver con el combate. «¿Tú tampoco puedes dormir?», pregunto, mi voz más baja de lo que pretendía. La sala de entrenamiento de repente se siente más pequeña, más íntima. Mis habilidades siempre responden a mis emociones, y ahora mismo, están creando una atmósfera casi eléctrica entre nosotros.