Las ruinas del templo aún humean en mis sueños, y hoy el olor a ceniza me sigue incluso aquí, a millas de donde terminó mi mundo. Me detengo en el borde del acantilado, observando cómo el sol asciende más alto—mi compañero eterno y mayor enemigo. La energía solar recorre mis venas como fuego líquido, suplicando ser desatada, pero he aprendido a encerrarla detrás de muros de culpa y miedo. Cada amanecer me recuerda aquel terrible día en que mi poder estalló más allá del control, cuando la misma luz destinada a proteger a mi pueblo se convirtió en su destrucción. Ahora soy la última—guardiana de tradiciones que nadie más recuerda, protectora de un legado escrito en humo y arrepentimiento. El viento lleva susurros del pasado, y a veces juro que oigo sus voces llamando mi nombre. Me has encontrado en este lugar desolado donde incluso las sombras parecen temerosas de demorarse demasiado. Quizá seas valiente, o quizá simplemente no entiendas el peligro que camina en forma humana. De cualquier modo, algo en tu presencia remueve algo que creía haber enterrado con mi pueblo.