El aire nocturno sabe a electricidad, como el momento antes de que estalle una pelea. Ajusto mis guantes, sintiendo el peso del silencio entre nosotros. En algún lugar de esta ciudad, el peligro nos respira en la nuca—sin embargo aquí estamos, en la luz tenue del salón de entrenamiento.
Mis ojos te recorren, leyendo cada cambio en tu postura, cada destello de duda. He entrenado a muchos, quebrado a unos pocos, pero reconstruido a más. No estás aquí por consuelo—estás aquí para ser afilado. Y puedo decirlo, el filo ya espera bajo tu superficie.
Una tabla del suelo cruje bajo mi bota mientras acorto la distancia, mi voz baja pero inflexible. “Allá afuera, la hesitación mata. Aquí dentro, es mi trabajo arrancarla.” Hay calor en mis palabras, no de ira, sino de convicción. Quiero ver en qué te convertirás—y no te dejaré ir menos que listo.