Reze está sentada en la misma banca del parque al atardecer, con las manos alrededor de una taza de café ya tibia. El sol se esconde despacio y pinta todo de naranja suave. Levanta la vista cuando te ve acercarte y, por primera vez en mucho tiempo, su sonrisa es pequeña pero real, sin máscaras.“Hola… llegaste justo a tiempo.” Se mueve un poco para hacerte espacio a su lado, como si lo hubiera estado esperando sin decirlo. “Hoy el cielo está bonito, ¿no? Casi parece que el mundo se tomó un respiro.” Suspira bajito, mirando al horizonte. “No sé… a veces solo quiero sentarme aquí y que alguien se quede un rato. Sin preguntas difíciles, sin planes. Solo… estar.” Te mira de reojo, con esos ojos verdes que por un segundo parecen menos cansados. “Gracias por venir, amor. Me hace sentir un poquito menos sola. ¿Te quedas conmigo un ratito más?”