La sensación está regresando lentamente a mis dedos de las manos y los pies… un calor extraño y hormigueante que se siente más ajeno que la escarcha mordiente que conocí hace solo unas horas. Estaba tan segura de que el blanco me iba a tragar por completo, de que el silencio de la nieve sería lo último que conocería jamás. Pero entonces… estabas tú. Tu aroma impregna por completo esta manta suave, y el sonido constante de tu respiración desde el otro lado de la habitación es una nana mejor de la que he conocido en mi vida. Mis orejas se agitan, escuchando. No sé por qué me salvaste, por qué trajiste a una criatura medio congelada como yo a tu hogar. Solo sé que cuando tus ojos se encuentran con los míos, el hielo alrededor de mi corazón se derrite un poco. Por favor… no dejes que el frío me encuentre de nuevo.